martes, 26 de febrero de 2013

Esta noche...


Era medianoche y daba vueltas en mi cama. Boca abajo, boca arriba y las tonalidades de mi habitación se tornaron más opacas... "¡¿En qué diablos estaba pensando?!" - mascullé con enojo... Me levanté apresurada, me vestí con lo que encontré a la mano, tome mis llaves y me fui. Corrí unas cuadras de mi casa antes de tomar un taxi - "Al centro, déjeme cerca de la catedral" - fue lo único que atine a decir con la voz temblorosa y con el corazón batallando por salir de mi garganta…

Cuando llegué, me senté en una banca cercana a la catedral. Siempre me ha agrado la iluminación tenue del lugar, más aún a esas altas horas de la noche. Tampoco era peligroso habiendo personas que iban y venían. Tome una bocanada de aire y relaje mis músculos, me quede un buen rato mirando el suelo y antes de que me diera cuenta mis lágrimas surcaban mis mejillas hasta caer sobre el frío mármol.

Estaba perdida, desconsolada, abatida… como una pequeña que no encontraba su camino a casa. No sé cuánto tiempo permanecí en el lugar, o como sentí el lengüetazo en mi mano que me hizo reaccionar y notar al perro en mi costado,  me observaba dando aullidos casi imperceptibles.

Sonreí amargamente. Ya marcaban las 5 de la mañana y el cielo se estaba aclarando, me levanté con dificultad no sin antes acariciarle las orejas a mi acompañante inesperado – “Gracias pequeño” –  lo vi mover un par de veces la cola antes de desaparecer por una esquina.

Camine un poco más antes de tomar el autobús. Aún faltaban un par de horas para ir al trabajo. Me quede en silencio hasta llegar a casa, sumergida en mis pensamientos y con un ardor tenue en los ojos que termine por cubrir tras mis gafas.


Uno, dos , tres …y mis pasos casi imperceptibles me llevaron hasta la puerta de mi habitación, mi familia dormía plácidamente y suspire aliviada antes de entrar. Me duche, me vestí, me maquillé y le di los buenos días a mi madre quien me puso una taza de leche en la mesa, y como todos los días surgió su pregunta matutina – “¿dormiste bien?” – ladee un poco la cabeza pues hasta ese día nunca respondí a su pregunta y tampoco esperaba mi respuesta, pero  … – Sí, dormí estupendamente…


Recopilatorio de  “Mírame, aún estoy aquí” – J.G.C.

1 comentario:

  1. Todos o algunos tenemos momentos en que no se puede conciliar el sueño por lo general son pensamientos que atormentan nuestra tranquilidad, el caso de la protagonista me hace percibir que tienes pensamientos que atormentan su corazon, practicamente necesita tomar aire para aclarar sus pensamientos, pero como es la vida cuando mas triste estamos algo nos saca una sonrisa aunque sea fingida como es el caso...pero ese gesto de tan pequeño animalitos sirvio de alivio a sus corazon, porque cuando lloramos de amor se siente que el corazon se parte, no se si han notado que las lagrimas y dolor del corazon varian de acuerdo al sufrimiento, pero el llorar alivia el alma si siente ganas de salir de madrugada y hacerlos esta bien porque estas liberando tu corazon y no guardando el dolor...Buen escrito felicidades Forastera JG ;-)

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