miércoles, 24 de octubre de 2018

Aquel día de los corazones


Aún recuerdo…aquel día de los corazones con sabor agridulce que estuvieron acompañados.

En ese momento; cada segundo compartido, cada sonrisa entregada, cada beso robado, cada tristeza apagada, lo han sido todo y a la vez casi nada. Sentí que nos faltaba tanto por vivir, tanto por crecer... tanto que compartir.

En aquel entonces, entorpecida por ese amor pensé ¿Si estaba siendo feliz que más se podía pedir? Aún no lo había aceptado pero existía el incansable  deseo de amar y ser amada, que anhelaba que los intentos nunca murieran torturados, o que las sonrisas y los gestos no fueran forzados. Pensaba en el tú y yo; en los sueños compartidos, en los desgastados, aquellos que se perdieron porque el tiempo nos hizo agonizar hasta olvidar aquellos sueños.

Quería seguir siendo parte de tu presente; seguir dándote compañía cuando te sentías más sola, seguir colmándote de sentimientos nuevos en cada gesto regalado de mi parte… quería ser ese presente, pero hoy ya todo es ausente.

Aquel día de los corazones…aquel San Valentín. Me perdiste.



lunes, 8 de octubre de 2018

Una amante vencida


Le conocí en una noche calurosa, un día cualquiera, un día más en el calendario donde evadía a las personas y las relaciones personales.
Cuando le conocí; no tuve ninguna reacción, nada extraordinario, ni el cosquilleo que siento en la garganta, sin embargo no pude dejar de prestar atención a sus acciones; era como si estuviera estudiando a este personaje enigmático.
¡Que egoísta! – es lo que pensaba en mi cabeza. Porque así lo note, le sentí una persona egoísta;  haciendo y deshaciendo todo sin control. Tomando ventaja de cualquier situación, hasta que de un momento a otro me di cuenta del anillo que llevaba en el dedo anular. No le pregunte, no quise indagar ni bombardear de posibles cuestionarios que no respondería aquel día, ni mucho menos los demás días que pasaran.
El pasar del tiempo me hizo bajar la guarda, empezaba a disfrutar de la compañía, y eso me hizo olvidar el detalle de dicho anillo.
Un día lo dije – “Tienes a alguien, ya lo sé”…observe su expresión y una sonrisa suave se formó en su rostro. Aquella vez aunque siempre lo supe igual dolió. Dices que fui la única que ha mirado más allá de tu egoísmo. Tal vez yo tuve temor de confrontar la situación. Y es que tenía miedo de quedar fuera, pero no había caído en cuenta que jamás estuve dentro…
Hay un pasatiempo en esto, o es lo que ambos hemos pactado pero ¿Es normal que una anhele a su amante?
“Con esa indiferencia en tu rostro, me mientes. Te ríes hasta que no puedes más.
Lo único que tendremos será diversión - me dijiste. Y después de todo ya te vas, te alejas. Y ya sé lo que dirás; no importa, tus palabras no me pesan, no resuenan y no me agitan. Todo pasa; el tiempo se lleva todo y con eso basta. Así que no esperes que lo entienda, no esperes que sea considerada.”
 
Seguí convenciéndome a mí misma que nada importaba. Pero después de todo sentí que había perdido. Que en este “juego” nunca iba ganar, que saldría perdiendo desde el principio. Me sentí derrotada, una amante vencida.

Llegó aquel último día. Y digo último porque jamás nos volvimos a ver. Termino con un último beso; esos que saben amargos, los más difíciles porque llevan una despedida en su tacto. Esto me regresará la voluntad para decir adiós. No mirar atrás, ni llevar dichos recuerdos como equipaje. Al menos es lo que me repetí aquel día.

Después de muchas cosas de la vida, solo el tiempo me devolvió la tranquilidad.