Era medianoche y daba vueltas en mi cama. Boca abajo, boca
arriba y las tonalidades de mi habitación se tornaron más opacas... "¡¿En qué
diablos estaba pensando?!" - mascullé con enojo... Me levanté apresurada,
me vestí con lo que encontré a la mano, tome mis llaves y me fui. Corrí unas
cuadras de mi casa antes de tomar un taxi - "Al centro, déjeme cerca de la
catedral" - fue lo único que atine a decir con la voz temblorosa y con el
corazón batallando por salir de mi garganta…
Cuando llegué, me senté en una banca cercana a la catedral.
Siempre me ha agrado la iluminación tenue del lugar, más aún a esas altas horas
de la noche. Tampoco era peligroso habiendo personas que iban y venían. Tome una
bocanada de aire y relaje mis músculos, me quede un buen rato mirando el suelo
y antes de que me diera cuenta mis lágrimas surcaban mis mejillas hasta caer
sobre el frío mármol.
Estaba perdida, desconsolada, abatida… como una pequeña que
no encontraba su camino a casa. No sé cuánto tiempo permanecí en el lugar, o
como sentí el lengüetazo en mi mano que me hizo reaccionar y notar al perro en
mi costado, me observaba dando aullidos
casi imperceptibles.
Sonreí amargamente. Ya marcaban las 5 de la mañana y el
cielo se estaba aclarando, me levanté con dificultad no sin antes acariciarle
las orejas a mi acompañante inesperado – “Gracias pequeño” – lo vi mover un par de veces la cola antes de
desaparecer por una esquina.
Camine un poco más antes de tomar el autobús. Aún faltaban
un par de horas para ir al trabajo. Me quede en silencio hasta llegar a casa, sumergida
en mis pensamientos y con un ardor tenue en los ojos que termine por cubrir
tras mis gafas.
Uno,
dos , tres …y mis pasos casi imperceptibles me llevaron hasta la puerta de mi
habitación, mi familia dormía plácidamente y suspire aliviada antes de entrar.
Me duche, me vestí, me maquillé y le di los buenos días a mi madre quien me
puso una taza de leche en la mesa, y como todos los días surgió su pregunta
matutina – “¿dormiste bien?” – ladee un poco la cabeza pues hasta ese día nunca
respondí a su pregunta y tampoco esperaba mi respuesta, pero … – Sí, dormí estupendamente…
Recopilatorio de “Mírame, aún estoy aquí” – J.G.C.
